La desecación continental se consolida como uno de los principales riesgos ambientales, económicos y sociales del siglo XXI. Así lo documenta el informe ‘La desecación continental. Una amenaza para nuestro futuro común’ del Banco Mundial, que analiza la reducción sostenida de la disponibilidad de agua dulce y sus impactos en el empleo, la productividad agrícola, la biodiversidad y la estabilidad económica global.

El estudio revela que las reservas mundiales de agua dulce disminuyeron de manera significativa en las últimas dos décadas. Actualmente, el planeta pierde 324 mil millones de metros cúbicos de agua al año, un volumen equivalente al consumo anual de 280 millones de personas. Esta tendencia provocó la aparición de regiones afectadas por megasequías e intensificó la vulnerabilidad hídrica en cuencas que ya enfrentaban estrés severo.

Entre 2000 y 2019, el uso global del agua aumentó 25%, y cerca de un tercio de este incremento ocurrió en regiones que ya experimentaban sequías intensas. El informe identifica una doble presión: demanda creciente y disminución del suministro, agravada por prácticas ineficientes, en especial en la agricultura, donde persisten cultivos altamente demandantes de agua en zonas con disponibilidad limitada.

Desecación hídrica reduce empleos y disminuye ingresos

Las consecuencias económicas de esta crisis son profundas. La desecación continental reduce la productividad agrícola, provoca pérdidas de empleo y disminuye los ingresos en comunidades rurales.

En África subsahariana, por ejemplo, las sequías dejaron sin trabajo a entre 600 mil y 900 mil personas cada año, afectando de forma desproporcionada a mujeres, trabajadores poco calificados y agricultores sin tierra.

El impacto trasciende las fronteras nacionales. Debido a la interconexión de las redes comerciales, la escasez local de agua puede generar repercusiones económicas globales.

El informe estima que una reducción de 100 milímetros de lluvia anual en India podría traducirse en una caída del ingreso real mundial de 68 mil millones de dólares, bajo escenarios modelados.

Perspectivas ambientales

Desde la perspectiva ambiental, la desecación continental incrementa de forma significativa el riesgo de incendios forestales. Un aumento de una desviación estándar en la tasa de agotamiento del agua dulce eleva la probabilidad de incendios en 27%, y hasta 50% en zonas de alta biodiversidad, lo que amenaza ecosistemas estratégicos y acelera la pérdida de servicios ambientales.

Ante este escenario, el documento plantea una hoja de ruta basada en políticas públicas integrales. Una de las oportunidades más relevantes se encuentra en mejorar la eficiencia del uso agrícola del agua.

A nivel mundial, alinear la producción de cultivos clave con niveles promedio de eficiencia permitiría ahorrar hasta 137 mil millones de metros cúbicos de agua dulce, volumen equivalente a las necesidades anuales de 118 millones de personas.

Asimismo, el informe propone ajustar la distribución de tierras de cultivo para que corresponda mejor con la disponibilidad de agua dentro de los países, y reasignar el uso del agua desde productores menos eficientes hacia los más eficientes. El llamado “comercio virtual de agua” surge como una herramienta clave para potenciar el ahorro hídrico en regiones afectadas por la sequía.

Para una implementación efectiva de estas políticas, se identifican cinco ejes transversales:

optimizar precios y subsidios, aprovechar los datos y las innovaciones tecnológicas, fortalecer las instituciones, valorar el agua en el comercio y adoptar la contabilidad del agua como instrumento de gestión.

Finalmente, el informe llama a actuar , pues, agrega, enfrentar la desecación continental exige políticas nacionales sólidas, cooperación internacional y una nueva forma de valorar el agua como activo estratégico. Preservar los recursos hídricos resulta indispensable para garantizar la seguridad hídrica, la estabilidad económica y el futuro de la vida en el planeta.