La Reunión Preparatoria de Alto Nivel para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua 2026, celebrada en Dakar, Senegal, marcó un punto de inflexión en la agenda hídrica global.

Durante el encuentro, actores internacionales coincidieron en que el acceso al agua potable y al saneamiento no admite más demoras y exige acciones inmediatas, coordinadas y medibles de cara a la conferencia que tendrá lugar en diciembre de 2026 en Emiratos Árabes Unidos.

El evento permitió avanzar en la definición de una hoja de ruta orientada a resultados, sustentada en seis diálogos interactivos que abordaron temas como financiamiento, datos, gobernanza, resiliencia climática, cooperación internacional e inclusión social.

El consenso general fue que, aunque existen marcos normativos y compromisos políticos, la brecha entre planificación e implementación sigue siendo el principal reto para alcanzar el ODS 6.

Dakar sienta bases

Autoridades de Naciones Unidas y de países anfitriones destacaron que Dakar sentó las bases para un cambio de paradigma en la gestión del agua. Este nuevo enfoque prioriza la acción intersectorial y reconoce al agua como un factor estratégico para la salud pública, el desarrollo económico y la estabilidad social.

La articulación entre gobiernos, organismos multilaterales, sector privado y sociedad civil se identificó como condición indispensable para avanzar.

Cooperación hídrica fortalece la paz

Uno de los temas más relevantes fue la gestión de aguas transfronterizas. Organizaciones de cuenca de África Occidental compartieron experiencias que demuestran cómo la cooperación hídrica puede fortalecer la paz y la resiliencia comunitaria.

No obstante, también señalaron desafíos persistentes relacionados con el financiamiento de proyectos, la protección de infraestructura y la falta de sistemas comunes de información.

El debate incluyó la necesidad de fortalecer la capacidad institucional de los países, en especial en lo referente a la gestión de datos, la regulación y la supervisión de los servicios.

De acuerdo con el informe GLAAS de ONU-Agua, menos del 13% de los países cuenta con los recursos financieros y humanos suficientes para implementar plenamente sus planes de agua y saneamiento, lo que explica el rezago en millones de comunidades.

La desigualdad territorial fue otro eje central. Representantes locales subrayaron que las zonas rurales continúan rezagadas frente a los centros urbanos, lo que demanda inversiones sostenidas en infraestructura y esquemas de financiamiento equitativos.

En este contexto, se planteó la necesidad de involucrar a actores locales y promover alianzas público-privadas con enfoque social.

Parlamentos presentes en el debate

El papel de los parlamentos también cobró relevancia. Legisladores africanos coincidieron en que la voluntad política debe reflejarse en reformas legales y asignaciones presupuestarias que prioricen el derecho humano al agua. Sin estos elementos, los compromisos internacionales difícilmente se traducen en mejoras tangibles.

Las juventudes y organizaciones sociales insistieron en la importancia de pasar de la consulta a la co-creación de políticas públicas. Su participación se consideró clave para asegurar soluciones sostenibles, inclusivas y adaptadas a las realidades locales.

La reunión de Dakar concluyó con un llamado a mantener el impulso político y técnico durante 2026, con el objetivo de que la Conferencia de la ONU sobre el Agua no solo reafirme compromisos, sino que active mecanismos efectivos de implementación, seguimiento y rendición de cuentas.