Las sequías es uno de los fenómenos climáticos más complejos y devastadores a nivel global. A diferencia de otros desastres, su evolución es gradual, lo que suele retrasar la respuesta institucional hasta que los impactos ya son severos.

Frente a este escenario, el Banco Mundial desarrolló la Drought Risk and Resilience Assessment (DRRA), una metodología diseñada para transitar de una gestión reactiva a una gestión preventiva del riesgo de sequía.

El enfoque responde a una realidad contundente: las sequías aumentaron en frecuencia, duración y cobertura territorial en las últimas décadas, lo que afecta a aproximadamente a 55 millones de personas cada año. Desde el año 2000, su frecuencia se incrementó en un tercio, con impactos desproporcionados en países en desarrollo.

Un marco estructurado en cuatro bloques

La metodología DRRA se organiza en cuatro bloques estratégicos, que integran diez subcomponentes para evaluar riesgo y resiliencia de manera integral:

  • Coordinación y capacidad institucional

Evalúa la articulación entre instituciones implementadoras, gobiernos, donantes y actores clave.

  • Evaluación del riesgo de sequía

Analiza amenazas pasadas y futuras, impactos observados y niveles de vulnerabilidad.

  • Evaluación de resiliencia actual

Revisa los mecanismos existentes de preparación y respuesta ante sequías.

  • Priorización de inversiones

Identifica y jerarquiza medidas para reducir riesgos y fortalecer resiliencia.

Este diseño permite adaptar la evaluación a distintos contextos nacionales o regionales, aprovechando información existente y evitando duplicidades.

De la amenaza al hotspot de riesgo

El DRRA parte de una premisa fundamental: el riesgo no depende únicamente del fenómeno climático, sino de la exposición y la vulnerabilidad. Por ello, propone evaluar:

  • Características históricas y proyecciones futuras de sequía.
  • Impactos económicos, sociales y ambientales.
  • Niveles de vulnerabilidad institucional y territorial.

La metodología recomienda combinar herramientas cualitativas, semi-cuantitativas y cuantitativas. En algunos casos, se aplicaron modelos basados en aprendizaje automático para identificar umbrales críticos que detonan impactos sectoriales.

Uno de los aportes más relevantes del DRRA es que integra la dimensión de resiliencia dentro del análisis de riesgo. Muchas metodologías evalúan amenazas e impactos, pero no examinan si los sistemas actuales de gestión están preparados para enfrentar eventos futuros.

El DRRA propone revisar planes de manejo de sequías, mecanismos de alerta temprana, protocolos de respuesta y capacidades institucionales. Posteriormente, cruza esta información con los riesgos identificados para definir brechas críticas.

Inversión estratégica y costo-beneficio

El resultado final de la metodología es una lista priorizada de inversiones que permite asignar recursos de manera eficiente. La evaluación considera costos, beneficios y escenarios de impacto evitado en comparación con un escenario sin intervención.

Este enfoque fortalece la toma de decisiones basada en evidencia y facilita la integración del riesgo de sequía en políticas de desarrollo, infraestructura hídrica y adaptación climática.

Hacia una gestión preventiva

El DRRA busca romper el llamado “ciclo hidro-ilógico”, donde la atención pública aumenta durante la crisis y desaparece en periodos húmedos. Planificar en tiempos normales reduce pérdidas económicas, sociales y ambientales.

En un contexto de cambio climático y creciente presión sobre los recursos hídricos, adoptar metodologías integrales como la DRRA se convierte en una herramienta estratégica para fortalecer la seguridad hídrica y la resiliencia territorial.