Uruguay da un paso relevante en el fortalecimiento de su seguridad hídrica con el inicio formal del proceso para desarrollar la represa de Casupá, una de las obras más importantes en materia de infraestructura de agua potable en el país.

La empresa estatal Obras Sanitarias del Estado (OSE) concretó la primera expropiación de tierras necesaria para el proyecto, lo que marca el arranque operativo de una iniciativa diseñada para reforzar el abastecimiento del área metropolitana de Montevideo y mejorar la resiliencia ante eventos de sequía.

La construcción de la represa sobre el arroyo Casupá, en el departamento de Florida, responde a una necesidad estructural: ampliar la capacidad de almacenamiento de agua en un sistema que mostró vulnerabilidades durante la crisis hídrica de 2023.

En ese periodo, la principal fuente de abastecimiento —el embalse de Paso Severino— alcanzó niveles críticos, lo que obligó a implementar medidas extraordinarias para garantizar el suministro en Montevideo y zonas aledañas.

El proyecto Casupá busca evitar escenarios similares, mediante la incorporación de nueva infraestructura que permita gestionar mejor los periodos de escasez.

Mayor capacidad para el sistema metropolitano

La nueva represa tendrá una capacidad estimada de 118 millones de metros cúbicos, lo que representa un incremento significativo frente a las principales reservas actuales.

Para dimensionar su alcance:

  • Paso Severino cuenta con una capacidad aproximada de 67 millones de m³
  • Canelón Grande dispone de alrededor de 18 millones de m³

Con estos datos, Casupá se posiciona como un activo estratégico que prácticamente duplicará la capacidad del principal embalse del sistema.

Este aumento permitirá no solo asegurar el suministro en condiciones normales, sino también contar con un mayor margen de maniobra ante eventos climáticos extremos.

Primera etapa: preparación del sitio

La expropiación inicial permitirá instalar el centro logístico del proyecto, donde se concentrarán materiales, maquinaria y equipos técnicos para la ejecución de las obras.

Esta fase es clave para habilitar las siguientes etapas constructivas, que incluyen trabajos de movimiento de tierra, infraestructura hidráulica y sistemas de control.

De acuerdo con OSE, el inicio formal de la construcción está previsto para el primer trimestre de 2027, una vez concluidos los procesos administrativos y de licitación.

El proyecto contempla una inversión cercana a los 130 millones de dólares, financiados mediante un crédito de la Corporación Andina de Fomento (CAF), con respaldo del gobierno uruguayo.

Este esquema refleja el peso estratégico de la obra, al tratarse de infraestructura crítica para el abastecimiento de agua potable.

En paralelo, OSE prepara el lanzamiento de la licitación internacional, programado para la segunda mitad de mayo, lo que permitirá definir a las empresas encargadas de la construcción.

El interés por el proyecto ya se manifestó en la etapa de precalificación, donde ocho consorcios nacionales e internacionales presentaron sus propuestas para participar en el proceso.

Este nivel de competencia anticipa un proceso licitatorio relevante, tanto por el tamaño de la inversión como por la complejidad técnica de la obra.

Seguridad hídrica como prioridad

El desarrollo de la represa Casupá se inscribe en una tendencia regional: la necesidad de fortalecer la infraestructura hídrica ante escenarios de mayor variabilidad climática.

Eventos como sequías prolongadas ponen a prueba la capacidad de los sistemas de agua potable, especialmente en zonas urbanas con alta concentración poblacional.

En este contexto, ampliar la capacidad de almacenamiento y diversificar fuentes de abastecimiento se vuelve una prioridad para garantizar el acceso al agua.

Más allá de su dimensión técnica, el proyecto representa una apuesta por la resiliencia del sistema hídrico uruguayo.

La incorporación de nueva infraestructura permitirá mejorar la gestión del recurso, reducir riesgos operativos y asegurar el suministro en condiciones adversas.

Casupá se perfila así como un elemento central en la estrategia de Uruguay para enfrentar los retos del agua en el mediano y largo plazo, en un contexto donde la disponibilidad del recurso se vuelve cada vez más incierta.