El acceso al agua potable, saneamiento e higiene no solo es un desafío técnico, también es un tema de derechos humanos y equidad. Así lo destaca el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2026: “Agua para todas las personas: igualdad de derechos y oportunidades”, que pone en el centro la relación entre agua y género como eje para el desarrollo sostenible.
A pesar de los avances, las cifras evidencian una brecha significativa: 2,100 millones de personas carecen de acceso a agua potable segura, 3,400 millones no cuentan con saneamiento adecuado y 1,700 millones no tienen servicios básicos de higiene en sus hogares.
El agua también es una cuestión de género
El informe subraya que las desigualdades en el acceso al agua afectan de forma desproporcionada a mujeres y niñas. En muchos contextos, ellas son responsables de la recolección de agua para sus hogares, lo que implica largas distancias, riesgos a su seguridad y una carga física considerable.
Esta situación no solo impacta su salud, también limita su acceso a la educación, el empleo y otras oportunidades. Además, la falta de servicios adecuados de saneamiento expone a mujeres y niñas a condiciones de vulnerabilidad, especialmente en espacios públicos, escuelas y centros de trabajo.
A ello se suma su limitada participación en la toma de decisiones dentro del sector hídrico. A nivel global, persisten brechas importantes en gobernanza, liderazgo y financiamiento, lo que reduce la posibilidad de construir soluciones más inclusivas y sostenibles.
Más allá de la infraestructura
El documento enfatiza que cerrar las brechas hídricas requiere ir más allá de soluciones técnicas. Es necesario abordar factores estructurales como normas sociales, acceso desigual a recursos y barreras institucionales.
La igualdad de género, señala el informe, es un camino esencial para garantizar un acceso justo al agua. Cuando las mujeres participan activamente en la gestión de los recursos hídricos, se fortalecen los resultados en términos de sostenibilidad, eficiencia y bienestar comunitario.
Agua, desarrollo y resiliencia
El informe también destaca el papel del agua en sectores clave como la agricultura, la industria y la gestión de riesgos ante el cambio climático. En todos ellos, las desigualdades de género influyen en el acceso a recursos, la capacidad de adaptación y la resiliencia de las comunidades.
En América Latina y el Caribe, por ejemplo, las mujeres desempeñan un rol fundamental en la gestión del agua, aunque este trabajo suele ser no remunerado y poco reconocido. Esta situación limita su desarrollo económico y su participación en espacios de decisión.
Hacia un acceso equitativo
Garantizar el acceso universal al agua y saneamiento implica transformar la forma en que se diseñan las políticas públicas, se asignan los recursos y se toman decisiones en el sector.
El informe concluye que la igualdad de género no solo es un objetivo en sí mismo, sino una condición indispensable para lograr la seguridad hídrica, reducir la pobreza y avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En un contexto de creciente presión sobre los recursos hídricos, avanzar hacia una gestión más inclusiva no es opcional: es una necesidad para construir sociedades más justas, resilientes y sostenibles.
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